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Montar en globo… noviembre 2, 2007

Posted by hugolgr in General.
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Ufff este articulo no es para gente remilgada, yo aviso. Alto contenido sexual,🙂

Esta recogido de la pagina http://www.elsentidodelavida.net y bueno, ponen cosillas interesantes, pero como esta no habia leido na de na. Es largo, pero entretenido. Al final entendereis el titulo del post… Copio y pego:

En breve se cumplirá el quinto aniversario de esta página. Sería una imprudencia por mi parte no admitir que El Sentido de la Vida ha venido cambiando conmigo durante todos estos años. A través de las historias se puede ver cómo he ido creciendo con el tiempo convirtiéndome en una persona diferente y, en la mayor parte de las facetas que me importan, en una persona mejor y sobre todo más libre. Siempre he sido un tipo tímido y asustadizo, seriamente limitado por la opinión de los demás. Mis primeras historias versaban sobre asuntos neutros en las que yo apenas tenía protagonismo. Para mí era una manera de escribir sin mojarme el culo. Las columnas tenían gracia y yo no me exponía sino que era un espectador más. Con el tiempo he ido siendo capaz de revelar pedazos de mi vida que creía que jamás me atrevería a compartir y mucho menos a exponer públicamente. Recuerdo algunos hitos en el camino hacia la libertad de expresión personal, hacia la libertad en definitiva.

En Amores de juventud confesaba mi más sonado fracaso sentimental juvenil, en Las pajas (I y II) me decidía por fin a escribir sobre un tema tabú al que llevaba años deseando hincar el diente, y en El peor día de mi vida moderna exponía los jirones de mi alma herida por el lado cortante del amor. Antes de escribir sobre estas experiencias yo era una persona en concreto, y al atreverme finalmente a publicar esas historias ascendí un peldaño cualitativo en la escalera que lleva a la libertad de hacer lo que a uno le sale de los cojones sin que le importe un carajo lo que los demás puedan opinar. Hay gente que pasa su vida atrapada en el corsé de la moral social y de lo que se puede y no se puede hacer o decir, limitando sus posibilidades y convirtiendo la fabulosa experiencia de la vida en un reducido jardín rodeado de alambre de espino en el que no se puede ir a ninguna parte. Conozco bien el lugar porque he pasado gran parte de mi vida ahí.

Cada una de esas historias marcó un antes y un después en mi evolución personal, y hoy vamos a por uno de los últimos escalones. Después de esto cualquier cosa vale. Hoy viene el órdago a la grande. Agárrense los machos.

Decía Carl Sagan que “Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”. Lo malo que tiene dejar una frase así para la posteridad es que luego no puedes explicar a la gente lo que querías decir exactamente. Si nos olvidamos de la ciencia pura y nos centramos en la vida, que es a todas luces mucho más interesante, lo que Sagan realmente quería decir es que “Afirmaciones extraordinarias requieren dos cojones”.

Vivimos en un mundo moderno y liberal. Los hombres hablamos de todo abiertamente. En la tienda de móviles podemos elegir libremente entre docenas de modelos. Es la hostia. Luego llegamos a casa y echamos un polvo salvaje en el sofá y preguntamos qué hay de cena mientras nos limpiamos la polla con los calzoncillos. Somos libres, inconformistas, atrevidos, contestatarios, deslenguados; estamos de vuelta de todo.

Y una mierda.

Que levanten la mano aquellos que alguna vez se han dejado meter un dedo por el culo.

Nos depilamos el pecho, llevamos calzoncillos de diseño, levantamos pesas en el gimnasio para parecernos a lo que anuncian por la tele, y sobre todo somos muy machos. La frase “Mi culo es una vía de sentido único” es la bandera de los tipos más duros, de los que encienden las cerillas con la bragueta. La mayoría pasan por la vida sin acercarse al ano, y los que lo hacen se llevan el secreto a la tumba, no vaya a ser que alguien se entere y vaya diciendo por ahí que uno le tira a los palomos o que es gayer. Y así nos luce el pelo, por gilipollas. Superpolvo atrevido en la silla de la cocina, chuf chuf, qué bien me he quedado que me voy a hacer un bocata de mortadela. Sí, el sexo es la hostia.

Mientras tanto las mujeres liberadas gimen como si las hubiera poseído el demonio, se agarran al cabezal de la cama intentando mantener la consciencia y alcanzan éxtasis que los hombres observamos con envidia, resignados, sabedores a ciencia cierta de que la naturaleza nos ha dotado de una polla con el único fin de arruinarnos la vida.

Escuchamos mitos sobre el denominado punto G del hombre. Dicen que para llegar a él hay que circular en sentido contrario. Si lo prohibiera la Dirección General de Tráfico ya estaríamos todos allí, pero como está al alcance de cualquiera, seguimos en la práctica sin pasar del misionero por mucho que creamos que follar encima de una lavadora que centrifuga es lo más.

Yo era uno más de tantos envidiosos de los orgasmos femeninos. Cada vez que asistía a uno de ellos la tristeza nublaba mis ojos. La naturaleza es sabia, y aunque me dotó de miopía también me otorgó un cierto buen hacer innato que quedaba patente cuando el Universo se conjuraba y me ponía una vagina entre las manos. Este talento inherente me ha permitido ver a las mujeres disfrutar del sexo como yo jamás lo había llegado a gozar, y eso que ganas para experimentarlo todo nunca me han faltado. Ahora, por fin, después de tantos años de búsqueda infructuosa y al borde de la resignación definitiva, una chica muy especial me ha abierto los ojos a la verdad absoluta, y como me ha dicho que hasta que no documente mi experiencia no me lo vuelve a hacer, me veo abocado a superar mis temores más oscuros para poder volver a disfrutar de lo que siempre estuvo ahí y nunca tuvimos los arrestos de hacer nuestro.

La naturaleza siempre da una de cal y una de arena. El Yin y el Yan, el día y la noche, el bien y el mal, Windows y Linux… La próstata, fuente de disgustos a partir de los cincuenta, es paradójicamente la llave que abre las puertas a la felicidad. Médicamente hablando, se trata de una glándula situada a unos cinco centímetros de la entrada del ano pero, desgraciadamente para aquellos con remilgos, por el lado de dentro. Se encuentra en la parte del recto que da al lado del ombligo y tiene el tamaño de una canica de las grandes. Si tienes menos de 25 años, entonces piensa en la bola de un ratón de los antiguos. Si no conociste los ratones antiguos, entonces no les digas a tus padres que estás leyendo esto o te meterás en un lío. Yo lo negaré todo ante el juez.

Coincido con la mayoría en que el ano y todo lo que queda aguas arriba es una zona muy personal, así que no recomiendo la experiencia con un ligue de una noche ni con el tendero de la esquina, por mucha confianza que digas que le tienes. ¿Has oído alguna vez a una mujer decir que determinada ejecución sexual era “algo que no se podía compartir con cualquiera” y te has reído de ella? Pues en este momento te vas a sentir de un empático de la hostia.

Así pues estás en la cama con una chica liberada con la que tienes un cierto grado de confianza y te sientes cómodo. Si eres un hombre y tu pareja no es una chica, a estas alturas este texto te será de tanta utilidad como un libro de matemáticas de primaria. Tú puedes dejar de leer y continuar disfrutando de la vida, pero el resto tenemos que seguir trabajando para dejar atrás nuestros tabúes.

El ano, a diferencia de la vagina y de Shell, no fabrica su propio lubricante. Este pequeño inconveniente se puede suplir con la vaselina de toda la vida que venden en las farmacias. Dile al boticario que tienes un eccema en la barriga y cómprate dos botes, porque cuando te acabes el primero sólo querrás empezar el segundo. En las tiendas especializadas venden todo tipo de lubricantes al efecto que obran maravillas. Si alguna vez has pensado que por el culo no te iba a entrar ni un garbanzo, se te va a quedar la boca abierta.

Mientras estás tumbado sobre la espalda en la cama, tu pareja se unta el dedo que hayáis acordado durante las negociaciones y te lo enchufa por la puerta de atrás. Los hombres somos tan idiotas que pensamos que a una mujer lo último que le apetece es meterle un dedo por el culo a alguien. La realidad es que a ellas les resulta extremadamente atractivo por dos motivos:

  • Proporcionar placer a tu pareja es a priori el objetivo del sexo entre personas normales. Si eres de los que retuercen el pescuezo a los gatos para excitarse, entonces no espero que entiendas este punto.
  • Mientras te convulsionas de placer e intentas que los vecinos no piensen que te has cortado un dedo en vez de una uña, estás a merced de la mujer, la cual disfruta del morbo del control de la situación. El poder es excitante, y si no que se lo pregunten a los políticos, que cuando se terminan un bote sólo quieren otro.

Con un dedo untado en lubricante saltando en el trasero no hacen falta carabelas para conducir al hombre al Nuevo Mundo. Si la mujer emplea la boca no serán necesarias más indicaciones, pero si se decide por la mano hay que destacar que conviene que utilice cantidades abundantes de lubricante aprovechando que tenemos dos botes. En fin, somos todos mayorcitos y no creo que hagan falta más explicaciones. No encontramos en ese punto en el que el carrito de la montaña rusa ha llegado al final de la cuesta e inclina por fin el morro para dejar paso a la esperada excitación para la que hemos comprado la entrada.

Yo acepté la maniobra como una curiosidad y me sorprendí retorciéndome sobre la cama, gimiendo como no sabía que pudiera y aferrado al cabezal en un vano intento de mantener los pies en los estribos. No sabría decir cuánto duró aquello, si dos minutos o media hora. Sólo sé que cuando me corrí ni siquiera me di cuenta. La experiencia llevaba un rato siendo tan sobrecogedora que no supe distinguir el orgasmo que asociamos a la eyaculación del resto de sensaciones que de manera tan intensa me venían embargando desde lo que parecía el principio de los tiempos. Las mujeres tienen orgasmos múltiples; los hombres podemos tener orgasmos ininterrumpidos durante minutos. O vete a saber lo que son. El caso es que están ahí.

Cuando Albert Einstein publicó la Teoría de la Relatividad General en 1915, declaró a los asistentes: “Ahora sólo me queda montar en globo y que me metan un dedo por el culo”. Al globo sólo se subió una vez.

Caballeros, yo ya he cumplido con mi parte; ahora queda todo en sus manos de ustedes. Yo me largo a montar en globo.”

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